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DESTACADO: Dos epidemias, Dos respuestas: Las enfermedades humanas y la crisis silenciosa de las plagas y enfermedades de los cultivos

Posted on vie, 12 Jun 2026, 07:49

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© FAO /Alaa Badarneh.

La importancia de la sanidad vegetal en el Día Internacional de la Sanidad Vegetal.

En una mañana ajetreada de una gran ciudad, las noticias se difunden rápidamente. Se ha detectado una nueva enfermedad infecciosa humana en un país lejano, lo que pone al país en estado de alerta. En cuestión de horas, aparecen titulares en televisión, las redes sociales se llenan de actualizaciones y los gobiernos comienzan a preparar respuestas de emergencia. La experiencia nos ha enseñado lo rápido que una enfermedad humana puede alcanzar niveles epidémicos, requiriendo una acción urgente.

Lejos de las ciudades y de los titulares, en las regiones agrícolas rurales, se desarrolla otro tipo de crisis de manera más silenciosa. Un agricultor recorre un campo esperando una cosecha saludable, solo para encontrar hojas marchitas o enrolladas, tallos debilitados y cultivos que fracasan. La causa aún no es visible para el resto del mundo, pero una plaga o enfermedad vegetal se está propagando entre las explotaciones agrícolas, cruzando fronteras a través del viento, el comercio, el suelo o los sistemas de semillas. A diferencia de la rápida epidemia humana que domina las noticias mundiales, este brote agrícola crece en silencio, pasando desapercibido fuera de la comunidad agrícola.

Contrastes entre dos epidemias en expansión

Aunque ambos tipos de epidemias pueden tener consecuencias devastadoras, difieren notablemente en la atención que reciben, el impacto que generan, los mecanismos de respuesta disponibles y los recursos financieros destinados a su control.

Concienciación y atención pública a los brotes

Conforme avanzan los brotes, queda en evidencia una marcada diferencia en el nivel de atención que reciben. Las crisis sanitarias humanas suelen generar una rápida movilización de recursos, información y cooperación internacional. Por el contrario, las plagas y enfermedades de las plantas suelen pasar más desapercibidas, a pesar de que también se expanden a través de las fronteras y pueden poner en riesgo la producción agrícola, la seguridad alimentaria y los medios de vida de millones de personas.

Los cultivos también han sufrido epidemias de gran magnitud en los últimos años: desde las devastadoras plagas de langosta del desierto en África Oriental, India y Pakistán, hasta la expansión de la roya del tallo del trigo en varios continentes. A ello se suman enfermedades como el virus del mosaico y la raya marrón de la yuca en África subsahariana, los daños causados por Xylella fastidiosa en los olivares centenarios del sur de Europa y la propagación de la marchitez por Fusarium Raza 4 Tropical (R4T) en América Latina, una amenaza para el banano comparable a la que supuso la COVID-19 para la salud humana.

Dinámica de propagación y persistencia

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© Madelene Cronjé.

as plagas y enfermedades de las plantas suelen propagarse de forma más gradual que las epidemias humanas, a menudo a lo largo de meses o incluso años, influenciadas por las estaciones, las condiciones climáticas y las prácticas agrícolas. Sin embargo, una vez establecidas, pueden persistir durante varias temporadas y ciclos de producción, lo que dificulta enormemente su erradicación. Cuando un cultivo resulta afectado, las opciones de recuperación suelen ser limitadas. En muchos casos, no existe un tratamiento capaz de restaurar las plantas infectadas. Como ocurre con la marchitez por Fusarium oxysporum f. sp. cubense Raza 4 Tropical 4 (Foc R4T), los cultivos afectados deben eliminarse y los campos replantarse, obligando a los agricultores a esperar un nuevo ciclo de producción. Las pérdidas son inmediatas y, con frecuencia, irreversibles para esa temporada.

La FAO apoya a los países en la detección, prevención y gestión de plagas y enfermedades de los cultivos. Para ello, colabora con las organizaciones nacionales de protección fitosanitaria con el fin de reforzar la vigilancia, mejorar los sistemas de alerta temprana y coordinar respuestas transfronterizas frente a los brotes. Mediante la elaboración de políticas internacionales, la asistencia técnica y el apoyo sobre el terreno, la Organización ayuda a identificar los brotes de forma precoz y a aplicar estrategias de gestión integrada de plagas que reducen los daños y protegen los ecosistemas.

A través de la Convención Internacional de Protección Fitosanitaria (CIPF), los países colaboran en el desarrollo y la adopción de normas fitosanitarias armonizadas para prevenir y controlar la propagación de plagas. Este sistema de normas, basado en la evidencia científica, promueve criterios comunes para gestionar los riesgos fitosanitarios y facilita un comercio internacional seguro, evitando restricciones injustificadas. Asimismo, establece referencias fundamentales para la vigilancia, la notificación de plagas y su identificación, contribuyendo a prevenir su dispersión y a fortalecer la respuesta frente a los brotes.

Impacto en la salud humana y los medios de vida

Las epidemias de enfermedades humanas tienen un efecto directo sobre la salud de las personas, provocando enfermedades y, en algunos casos, la muerte.

Las plagas y enfermedades de los cultivos, en cambio, suelen afectar a las personas de manera indirecta, al reducir la disponibilidad de alimentos, encarecer los precios y generar tensiones económicas para agricultores, comunidades y países. No obstante, algunos peligros asociados a las plantas o a los alimentos, como la bacteria Salmonelosis o los hongos productores de micotoxinas, pueden afectar directamente a la salud humana a través de alimentos contaminados. Vínculos similares, tanto indirectos como en ciertos casos directos, también se observan en el ámbito de la sanidad animal.

Respuesta, medidas de control y recuperación

A medida que estas crisis evolucionan, las estrategias para hacerles frente difieren considerablemente. En el ámbito de la salud pública, la respuesta suele incluir vacunación, tratamientos médicos, medidas no farmacológicas y cambios en el comportamiento de la población. Estas herramientas pueden reducir la transmisión de las enfermedades y, en algunos casos, erradicarlas o disminuir significativamente su incidencia. En la agricultura, el control de plagas y enfermedades se basa en enfoques integrados que combinan variedades resistentes, métodos de control biológico y químico, medidas de cuarentena y buenas prácticas agronómicas. A diferencia de muchas enfermedades humanas, no existe una "cura" para un cultivo una vez que ha sido destruido. La recuperación depende de restablecer la producción mediante la replantación y el inicio de un nuevo ciclo agrícola, un proceso que implica tiempo y pérdidas económicas.

La FAO ayuda a los países a reforzar sus capacidades de prevención y control mediante el fortalecimiento de los sistemas de vigilancia y la promoción de la gestión integrada de plagas. Esto incluye el uso de métodos de control biológico, la adopción de buenas prácticas agrícolas y la utilización responsable y oportuna de plaguicidas cuando constituyen la única opción viable para contener una plaga. Asimismo, la recuperación se apoya en la promoción de variedades resistentes o tolerantes a las plagas y enfermedades, la distribución de semillas, la reposición de insumos agrícolas y el impulso de sistemas de producción más resilientes, capaces de resistir mejor futuros brotes.

Próximos pasos y prioridades

Redes institucionales y coordinación

La gestión de la salud humana cuenta, en general, con estructuras institucionales sólidas y bien coordinadas a nivel nacional e internacional, que permiten la vigilancia y la respuesta rápida ante emergencias.

Los sistemas de sanidad vegetal están, en comparación, menos coordinados a escala global. Aunque la FAO desempeña un papel clave en el apoyo a la sanidad de las plantas, los servicios nacionales de protección fitosanitaria y las redes regionales presentan capacidades desiguales, lo que se traduce en una vigilancia y respuesta irregulares.

A lo largo de los años, la FAO ha facilitado el intercambio de información entre países, ha apoyado sistemas conjuntos de monitoreo y ha contribuido al desarrollo de estrategias regionales de respuesta. Esta labor resulta especialmente relevante en brotes de gran escala provocados por plagas migratorias o por organismos de rápida propagación, en los que los retrasos en la respuesta pueden aumentar de forma significativa los riesgos de inseguridad alimentaria.

Cuando las partes contratantes de la Convención Internacional de Protección Fitosanitaria se reúnen en el marco de la Comisión de Medidas Fitosanitarias (CMF), ponen de relieve la importancia de la cooperación internacional para mantener normas comunes que prevengan y gestionen la propagación de plagas a través de las fronteras. Estas reuniones también refuerzan las obligaciones nacionales de notificación establecidas por la CIPF, en virtud de las cuales los países deben compartir de forma transparente, oportuna y precisa información relevante —como la aparición de plagas, medidas fitosanitarias y acciones de emergencia— a través de sistemas oficiales de notificación.

Sistemas de información y alerta temprana

El flujo de información es otro ámbito en el que la FAO desempeña un papel de puente entre países. La Organización apoya a los Estados en la mejora de la recopilación de datos, la vigilancia de plagas y la notificación digital, con el objetivo de que las alertas tempranas puedan compartirse de forma más rápida y eficaz entre regiones. Estos sistemas buscan reducir los retrasos en la detección y mejorar la rapidez y precisión de las respuestas ante los brotes, especialmente en zonas con capacidades técnicas limitadas.

En ambos tipos de epidemias, humanas y agrícolas, el desafío de fondo es el mismo: cómo detectar las amenazas a tiempo, responder con rapidez y reducir los daños a largo plazo. La diferencia radica en cómo están organizados los sistemas y en el nivel de atención que recibe cada tipo de crisis.

Iniciativas como el Sistema de Alerta y Respuesta ante Brotes de Plagas (POARS), la Evaluación de la Capacidad Fitosanitaria (ECF) y el Programa fitosanitario africano (APP) dotan a los países de herramientas más sólidas para la alerta temprana, la notificación de plagas y la vigilancia rutinaria. En conjunto, estas iniciativas ayudan a identificar plagas emergentes, evaluar las brechas de los sistemas y fortalecer las capacidades nacionales mediante mejores diagnósticos, la digitalización de la información y una respuesta coordinada.

Prioridades de financiación e inversión

La historia de estas dos epidemias es, en última instancia, una historia de percepción y prioridades. Una se percibe como una emergencia global urgente; la otra suele tratarse como un problema técnico del ámbito agrícola. Este desequilibrio en la financiación se hace aún más evidente: las pandemias humanas movilizan importantes presupuestos nacionales y mecanismos internacionales de financiación orientados a la respuesta de emergencia. En cambio, las “pandemias” de plagas de los cultivos —a pesar de su profundo impacto en la seguridad alimentaria y los medios de vida rurales— suelen tener más dificultades para atraer niveles de inversión comparables, incluso cuando hasta el 40 % de la producción agrícola mundial se pierde anualmente a causa de plagas y enfermedades de las plantas, con un coste para la economía global superior a 220 000 millones de dólares.

Las consecuencias recaen con especial fuerza en los agricultores, que pierden sus cosechas, y en los consumidores, que afrontan el aumento de los precios de los alimentos.

La FAO trabaja para mejorar la visibilidad de las crisis fitosanitarias, de modo que puedan recibir inversiones más oportunas. A través de iniciativas globales y alianzas, la Organización promueve el fortalecimiento de los sistemas de sanidad vegetal y un mayor enfoque en la inversión en resiliencia, más allá de la respuesta de emergencia. Cada dólar invertido puede generar hasta siete en pérdidas evitadas y beneficios para las comunidades rurales y los hogares vulnerables.

Enfoque Una sola salud: fortalecimiento de los sistemas humanos, animales y vegetales

La comparación entre las respuestas a las epidemias humanas y a las plagas y enfermedades de los cultivos revela un claro desequilibrio en la atención y la asignación de recursos, aunque ambos ámbitos están profundamente interconectados. El enfoque de Una sola salud reconoce que las intervenciones en un sector pueden tener impactos significativos en los demás. Por ello, promueve una prevención y respuesta coordinadas entre sectores, de modo que las acciones en un ámbito no generen efectos negativos en otro.

Con motivo del Día Internacional de la Sanidad Vegetal, el 12 de mayo, bajo el lema “Bioseguridad vegetal para la seguridad alimentaria y la nutrición”, la FAO sigue destacando la importancia de fortalecer los sistemas de sanidad vegetal junto con los sistemas de salud humana y animal. Construir sociedades resilientes requiere no solo controlar las enfermedades en las personas y los animales, sino también proteger los cultivos y los ecosistemas que sostienen la vida.

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